En Italia, Canadá, Escocia, India, Perú y Suiza, recorridos donde el paisaje deja de ser el fondo para convertirse en protagonista
Durante años, viajar pareció convertirse en sinónimo de llegar cada vez más rápido. Vuelos, conexiones e itinerarios intensos fueron acortando los tiempos hasta transformar muchas veces el traslado en un simple trámite. Sin embargo, una tendencia propone exactamente lo contrario: recuperar el placer de viajar sin apuro y volver a disfrutar del camino.
Bajo la filosofía del slow travel, los trenes de lujo atraviesan un nuevo momento de protagonismo. Más que un medio de transporte, funcionan como verdaderos hoteles sobre rieles: cabinas exclusivas, gastronomía, atención personalizada y paisajes que cambian constantemente detrás de las ventanas convierten el recorrido en una experiencia tan importante como el destino.
Y no existe una única forma de vivirla. Cada tren toma la identidad de la región que atraviesa y la transforma en parte de la experiencia. El viaje deja de ser una sucesión de estaciones y se convierte en una manera diferente de mirar un territorio.
Italia, entre diseño y gastronomía
En Italia, La Dolce Vita Orient Express recupera el glamour de los grandes viajes ferroviarios y lo combina con el diseño, la gastronomía y el estilo de vida italiano. Inspirado en el esplendor creativo del país durante las décadas del cincuenta y sesenta, propone descubrir distintas regiones mientras arte, arquitectura y buena mesa acompañan cada tramo del recorrido.
Las Rocosas desde una ventana
En Canadá, el Rocky Mountaineer cambia completamente de escenario. Aquí, el gran protagonista es la naturaleza: las Montañas Rocosas, lagos glaciares, ríos, bosques y cumbres nevadas se observan desde coches panorámicos mientras el tren conecta destinos como Vancouver, Banff, Lake Louise y Jasper.
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