A veces, para entender la fuerza de la naturaleza, no hace falta ir muy lejos. Basta con entrar a La Aripuca, un lugar que te deja con la boca abierta y el corazón un poco más consciente.
A sólo minutos del centro de Puerto Iguazú, este emprendimiento familiar creado por la familia Waidelich es mucho más que una atracción turística: es un mensaje en madera, un llamado a mirar de frente lo que le estamos haciendo al monte misionero y lo que todavía podemos hacer para salvarlo.
El nombre viene de una trampa ancestral guaraní, usada para capturar animales sin lastimarlos: la aripuca. Pero acá la trampa está invertida: no atrapa animales, sino personas, y lo que captura es tu atención, tu admiración y tu respeto por la selva.
Construida con más de 30 especies de árboles nativos rescatados del abandono o la tala, la gigantesca estructura de 17 metros de altura te deja sin palabras. Cada tronco tiene su historia, su nombre, su edad… algunos con más de 500 años. Todo está hecho a mano, con paciencia y devoción.
El paseo es corto pero inolvidable. Además del imponente edificio, hay senderos, tienditas con productos regionales, jugos de frutas misioneras, dulces caseros, yerbas orgánicas y artesanías. Todo bajo una atmósfera de respeto y amor por la tierra.
* Abre todos los días, desde la mañana hasta la tarde.
* Se puede recorrer en unos 40 minutos tranquilos.
* Ideal para combinar con Güirá Oga o con el Jardín de los Picaflores.
* Hay estacionamiento y sombra de sobra.
Visitar La Aripuca no es sólo sacar una foto linda (aunque las hay y muchas
). Es escuchar el mensaje que la selva quiere darte: que todavía estamos a tiempo de cuidar lo que nos rodea.








